No existe el hombre esceptico en mayusculas.
Es imposible no creer en algo.
La creencia esta inserta en la fina  piel del ser humano , y constituye la savia que circula por su mente.
Imposible separase de ella, le acompaña al hombre como una sombra en pleno dia.
Ya lo intento Descartes a traves de su  «duda metodica», y cuando parecia que lograria zafarse de cualquier convivccion convirtiendola en superflua se ahogo en una nueva creencia que era su propia duda.
Dicha creencia, la duda como metodo, es capaz o tiene el poder de hacer estallar cualquier conviccion, menos a si misma
La duda es un pincho que solo sirve para quitar o extirpar otros pinchos, otras convicciones pero del que no podemos zafarnos y constituye nuestro absoluto primordial.
El Escepticismo  no es mas que un ropaje, una apariencia con la que se disfraza el credulo para no ser consciente de su propia credulidad y asi creerse superior.
Ignorante de su propia credulidad, el esceptico nada en un infierno de verdades contradictorias entre si e igualmente plausibles que azotan la Duda en el tambaleante escenario de su mente.
Es precisamente esta indecision la que le conduce a no adoptar ninguna verdad pues las considera a todas del mismo valor
El Credulo consciente de serlo tiene preferencias, asi como una jerarquia de verdades, unas de mas poder o verosimilitud que otras (dependiendo de su modelo de vida, sobre como tienen que ser las cosas para el). En cambio, el esceptico se ahoga en su indecision, aplastado por el pèso de todas las verdades que caen a la vez sobre su espiritu.
Es imposible salir del circulo de las creencias, incluso la duda, cuando parece que nos hace salir, es devorada por su propia esencia implicita, la creencia en la duda, la duda como verdad absoluta.
Nuestras creencias constituyen un laberinto y la linterna de la duda nos lleva al limite del laberinto solo para atraparnos ,bajo una sonrisa ironica, otra vez.